Conectarse

Recuperar mi contraseña

Últimos temas
» Uso Didáctico de las Tecnologías de la Información y Comunicación en procesos de Aprendizaje
Sáb 14 Ene 2012 - 0:01 por ANTOAGUAYO

» "Soy el último de los míos", Félicie Dubois
Jue 12 Ene 2012 - 10:01 por Isabel

» Arte y técnica del palíndromo
Sáb 7 Ene 2012 - 10:50 por Isabel

» El territorio de las humanidades
Sáb 7 Ene 2012 - 10:46 por Isabel

» Evolución: lengua y cultura
Sáb 7 Ene 2012 - 10:40 por Isabel

» Al pan, pan y al vino, vino
Sáb 7 Ene 2012 - 10:35 por Isabel

» Necesito ayuda.
Dom 1 Ene 2012 - 10:46 por Diani

» ¡Dejemos de encerrar a los mayas en sus pirámides!
Vie 23 Dic 2011 - 11:09 por Isabel

» Engendro anglo lingüístico
Miér 21 Dic 2011 - 10:43 por Isabel

» MyObserver, una solución basada en tecnología lingüística que convierte el ruido de Internet en oportunidades de negocio
Miér 21 Dic 2011 - 10:40 por Isabel

» El gíglico o el arte de sugerir
Mar 20 Dic 2011 - 11:21 por Isabel

» Cortázar y la Vía Láctea
Mar 20 Dic 2011 - 10:36 por Isabel

» Desmárcate: Aprende un idioma inventado
Mar 20 Dic 2011 - 10:24 por Isabel

» "Los amorosos", Jaime Sabines
Dom 18 Dic 2011 - 10:24 por Isabel

» José Agustín: del lenguaje soez al premio de Lingüística y Literatura
Dom 18 Dic 2011 - 10:19 por Isabel

» Nosotros los proles
Dom 18 Dic 2011 - 10:15 por Isabel

» «Mi padre me habló toda la vida en esperanto»
Dom 18 Dic 2011 - 10:08 por Isabel

» Las explicaciones tras nuestra compleja "torre de Babel"
Dom 18 Dic 2011 - 10:03 por Isabel

» Sobre traducción...
Dom 18 Dic 2011 - 9:57 por Isabel

» La RAE completa con un tomo de fonética la 'Nueva gramática de la lengua española'
Dom 18 Dic 2011 - 9:53 por Isabel

Buscar
 
 

Resultados por:
 


Rechercher Búsqueda avanzada

Sondeo
Navegación
 Portal
 Índice
 Miembros
 Perfil
 FAQ
 Buscar
Flujo RSS


Yahoo! 
MSN 
AOL 
Netvibes 
Bloglines 



El liberalismo y la perversión del lenguaje político

Ir abajo

El liberalismo y la perversión del lenguaje político

Mensaje  Isabel el Miér 23 Mar 2011 - 23:04

22/03/2011 - 20:39 Escrito por Laura Espinar

Con mucha frecuencia el lenguaje político resulta oscuro, farragoso, alejado de la claridad con que se expresa la gente corriente. Es buena prueba de la brecha que, en demasiadas ocasiones, existe entre el mundo de la política y el mundo real. Con honrosas excepciones, el lenguaje se utiliza por muchos protagonistas de la política para hablar sin decir apenas nada, para insinuar sin decir las cosas claras. El empleo de frases barrocas pero sin contenido, de expresiones y muletillas vulgares, de términos políticamente correctos pero gramaticalmente bárbaros son hábitos demasiado extendidos en los foros y medios en que se mueven los profesionales de la política. Existe una cierta perversión en el uso de las palabras por parte de determinada clase política; palabras que se convierten en armas agresivas para descalificar al adversario contrastan con los ominosos silencios relativos a las propias acciones o intenciones cuando estas se ven venir tan inevitablemente aviesas, o más, que las descalificadas con tanto ardor.

Pero lo peor es el doble lenguaje que habitualmente se utiliza en el debate político. No solo el doble rasero empleado en analizar o valorar los aciertos o los errores de la gestión propia frente a los del adversario, la corrupción propia respecto de la de los demás; es, sobre todo, esa compostura engolada y vacía, ese gesto estudiado y formal empleados en los discursos y apariciones públicas de muchos líderes y portavoces cargados de expresiones políticamente correctas, que contrasta vivamente con la insultante y soez manera de expresarse en privado, que tantas veces han captado los micrófonos abiertos cuando los Trillo o las Aguirre de turno, entre otros, creían gozar de discreta privacidad.

Uno de los términos de la rica y variada lengua cervantina que más vilipendio sufre cuando se emplea en el ámbito político es la palabra libertad. Pocos términos sufrieron tanto como este las embestidas truculentas del arte de birlibirloque en que con tanta frecuencia se convierte el discurso político actual. Cuántas veces se utilizan en vano o, aún peor, de modo atrabiliario, las palabras libertad o sus derivadas liberal o liberalismo.

Se hacen llamar liberales hoy en día quienes se declaran partidarios de la libertad económica y, sin embargo, no tienen ningún empacho en adoptar posiciones conservadoras e, incluso, reaccionarias, en el plano político, social, moral o religioso, imponiendo doctrinas o comportamientos personales al dictado de la iglesia católica o de alguna de sus asociaciones más regresivas o sectarias. Se dan abundantes casos en que su liberalismo económico es absolutamente falso porque no respetan las leyes del libre mercado, sino que se benefician de posiciones dominantes o de monopolio en sus actividades económicas, y porque rechazan la intervención del Estado en la economía, pero no tienen ningún empacho en lucrarse de subvenciones públicas o de desgravaciones fiscales en cuanto las tienen a su alcance.

Como en lugar de un liberalismo basado en el libre juego de las leyes del mercado lo que suelen reivindicar, y practicar siempre que pueden, son las leyes del embudo, es preciso matizar con precisión estos términos cuando se hace referencia a ellos en los escritos que se publican. Por esa razón, y tratando de preservar el noble significado que palabras como libertad, liberal o liberalismo tuvieron a lo largo de la historia, así como la honorabilidad de las personas y grupos políticos que sincera y honestamente se definieron como tales a través de la literatura científica y en el marco del debate político y parlamentario a lo largo de los dos últimos siglos, procede, al referirse a quienes se suelen autodefinir de manera truculenta y tergiversada como liberales, citarlos como ultraliberales o neoconservadores y, en el mejor de los casos, como neoliberales. Así lo hemos realizado en la serie que, bajo el rótulo general de “Cavilaciones para tiempos de penumbra”, hemos venido publicando a lo largo de las últimas semanas. Y lo hemos hecho para preservar el noble y respetable significado de los términos libertad, liberal y liberalismo en sus clásicas y correctas acepciones.

http://www.lanzadigital.com/opinion/el_liberalismo_y_la_perversion_del_lenguaje_politico-20279.html

_________________
¿Por qué esta curva del porqué y no el signo de una recta sin fin y un punto encima?  
[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen] 
Roberto Juarroz
avatar
Isabel


Volver arriba Ir abajo

Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.